Un silencio sepulcral lo invadía todo. Un silencio sólo roto por el incesante sonido de las pequeñas teclas al ser pulsadas frenéticamente. De pronto levantó la cabeza. Sus ojos, acostumbrados a la pequeña pantalla, tardaron un momento en enfocar. Por primera vez en mucho tiempo fue consciente de que estaba rodeada de personas y recordó con nostalgia aquella época en la que aún era frecuente sentir un abrazo o escuchar la risa de un amigo.

(Escrito en 2010)

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