La calle estaba oscura y él, apoyado en la pared, simulaba leer alumbrado por la lamparita del portal. Nervioso, miró a ambos lados. Sí, estaba solo.

Pero ella apareció por la esquina en un momento inapropiado y el estallido, más fuerte de lo que esperaba, lo delató. Los ojos horrorizados de la mujer se clavaron en los suyos. La ignoró y, en un intento de probar su inocencia, pasó la página del periódico.

Una gota de sudor le surcó la sien al leer el titular: “La emisión de gases por el ser humano, principal causa del efecto invernadero”.

Compartir:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *