Le había costado un poco descifrar la pista. Pero por fin estaba allí. Ante la Gran O.
¿Y ahora qué?
El sol que caía en línea recta hacia su cabeza hizo que jadeara, mientras enormes gotas de sudor caían por sus sienes.
Al menos era bonito. El contraste del rojo contra el cielo tan azul…
Rodeó la Gran O varias veces, en busca de algo que le indicase por dónde debía continuar su búsqueda del tesoro.
Pero nada.
Hasta que pensó… y se asomó por el agujero central de la Gran O, haciéndose visera con las manos.
Y lo vio. Las calles que había allá a lo lejos formaban una X enorme.
¡Allí era!
Sacó una foto para orientarse y echó a correr.

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