«Me sorprendí al ver que del asiento del conductor no salía el hombre que había conocido unos días antes, sino un chico joven con el pelo rubio y despeinado. Tenía la piel morena, tostada por el sol, y la camiseta blanca de manga larga que llevaba puesta se pegaba a su cuerpo dejando intuir unos músculos fuertes y tonificados. Se acercó a mí deprisa y me observó con sus ojos oscuros. Teniéndole tan cerca pude apreciar con más detalle su cara de rasgos fuertes y mandíbula marcada.»

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