¡Hola de nuevo!

¿Así que quieres conocerme un poco más? ¡Adelante!

Me llamo Inés.
Puede parecer un nombre fácil, pero aparentemente es muy complicado de recordar pues la gente tiende a llamarme Irene, Isabel, Ana, Eva o cualquier otro nombre que no se parece en nada al mío.

Nací en Madrid, en pleno Carnaval; quizá por eso me gusta tanto disfrazarme.

La pasión por la lectura me viene desde siempre, primero con los cómics de Los Trotamúsicos como distracción mientras comía y más tarde con la colección de Los cinco.

Durante la etapa de Primaria, es posible que me leyera todos los títulos que albergaba la biblioteca del colegio, hasta el punto de empezar a sacar siempre el mismo libro sobre animales, una y otra vez.
Los animalitos son otra de mis pasiones innatas.

La verdad es que no me recuerdo en ningún momento sin libros alrededor; incluso durante la época adolescente chunga de negación del placer de la lectura, mi casa seguía estando llena de novelas.

Lo de la escritura supongo que fue algo más gradual, que fui descubriendo poco a poco.

Ines Diaz Arriero

Cuando era adolescente, una de las cosas que más me gustaban de las vacaciones de verano era conocer gente a la que después poder escribir cartas infinitas.
Lo de la correspondencia era casi una obsesión: escribía hasta a mi prima, que vivía a media hora de mi casa, y muchas veces Correos me devolvía las caras por exceso de peso.

También llevaba diarios muy vergonzosos. Si te estás preguntando si saldrán a la luz, olvídalo porque los destruí.

Antes de todo eso, ya había ganado varios premios de escritura en el colegio. Recuerdo el primero de manera muy vívida porque tuve que recoger el diploma y el regalo vestida con el tutú de bailarina porque justo después me tocaba actuar.

Lo del ballet lo dejé enseguida. Parece que no era lo mío.

Inés Díaz Arriero Slytherin
Te he dicho que me encanta disfrazarme.

Estudié Periodismo porque pensaba que en esa carrera iba a escribir muchísimo. Pero, al final, de lo único que llené los cuadernos fue de apuntes de historia y de datos totalmente aleatorios que más tarde me sirvieron para convertirme en campeona imbatible de Trivial.

A lo largo del primer verano de vacaciones universitarias escribí la que sería mi primera novela: La fábrica de alfombras.
Mi meta era ganar un concurso de una de esas editoriales grandísimas. ¡Qué inocente! Evidentemente no gané. ¡Sorpresa! Pero me sirvió para darme cuenta de que era capaz de escribir (y terminar) historias más o menos largas. Y, lo más importante, que me encantaba hacerlo.

Como la carrera universitaria fue una completa desilusión, un año después de licenciarme, hice un máster en Edición Digital que me fascinó.

Mi TFM trató sobre la creación de una editorial de literatura juvenil digital y además tuve la oportunidad de hacer mis prácticas en Ediciones Jaguar donde, gracias a la editora de mesa, pude aprender incluso más de lo que había aprendido en el máster.

También me he formado con cursos complementarios de corrección, lectura editorial y traducción, lo que me ha permitido trabajar con algunas editoriales a modo de freelance, además de autoeditarme algunas de mis novelas.

Y aunque esto no lo sabe casi nadie: también tengo formación como actriz de doblaje.

En 2011 llegó El jardín de atrás para estrenarme como autora publicada.

2014 empezó como año especialmente bueno en cuanto a concursos de relatos, entre los que cabe destacar Un Sant Jordi digital, organizado por la agencia literaria Sandra Bruna, y 152 Rosas blancas, de la editorial Divalentis. Pero terminó con problemas que me hicieron plantearme por primera vez, de manera seria, dejar de escribir.

Mi enfermedad crónica digestiva también me ha hecho replantearme muchas veces esto, pues no poder acudir a determinados eventos o encuentros es bastante frustrante.

Pero, por ahora, mi determinación (como buena Slytherin) y la pasión por las letras siempre acaban tirando de mí.

En 2016 llegó mi primera oportunidad para publicar con editorial, un sueño hecho realidad por el que estoy realmente agradecida.

Y en 2019 la publicación de Las mil caras de Amanda se convirtió en mi mayor logro hasta la fecha. La novela de la que más orgullosa estoy, la que me ha dado más satisfacciones, la que me ha devuelto más cariño, pero también la que me ha dado más dolores de cabeza y más momentos de sufrimiento. Empezando por un bloqueo escritor del que tardé meses en salir, decisiones muy difíciles de cara a la publicación y, al final, la promoción interrumpida por la pandemia de covid.
Así y todo, estoy segura de que ha merecido la pena.

Además de mantener activa mi cuenta de Instagram, soy una de las administradoras de la web Paseando a Miss Cultura, donde me encargo especialmente de la sección de reseñas de literatura juvenil.

¡Y en 2020 empecé mi pódcast!

Cuando no estoy escribiendo o leyendo, me puedes encontrar patinando sobre hielo, trasteando con mi cámara de fotos, apasionándome por cosas que no le interesan a casi nadie, haciendo puzles en 3D, aprendiendo idiomas, hablando sobre Harry Potter o entrenando con mi perrita.